Nuestra derecha terrible, la que salió del franquismo fusilando. Hoy, día 27 de septiembre, es el aniversario de los cinco antifranquistas fusilados, tres vascos y dos gallegos. Franco les exigió a los miembros de su Gobierno la aprobación de aquellas cinco penas de muerte y uno a uno la pronunciaron en voz alta. Aquellos cinco jóvenes fueron fusilados de madrugada por un pelotón de policías y guardia civiles voluntarios, si no hubiesen sido fusilados se hubiesen beneficiado un par de años más tarde de la ley de amnistía que benefició a todos los presos políticos y también a los franquistas. Hoy tendrían sesenta y algo años. Ninguno de aquellos ministros ensangrentados tuvo que responder ante un tribunal por sus delitos.

Es esa misma derecha que pervive en el callejero de A Coruña, junto con la estatua de Millán Astray. La que la actual derecha coruñesa evoca como su pasado a conservar, sus raíces profundas. El fantasma de su añorado yate Azor por la ría.
Esas raíces están tan vivas que condicionan el día a día del Partido Popular, donde los elementos más demócratas son constantemente desbordados por esa rabia violenta que aflora aquí y allí. Como hay un único partido de derechas, hablar de la derecha es hablar del Partido Popular, el que envía a Europa a un parlamentario que defiende el franquismo, pues él y su familia vivieron entonces plácidamente.
El hombre lo dice con naturalidad, habla desde su mundo, a él le fue bien y si a otros los fusilaron o se exiliaron o los metieron presos o vivieron humillados es su problema. Junto a esa placidez tan cortés y modosa de Mayor Oreja está la violencia de otros, como cuando el alcalde de Vilanova de Arousa gritó en la Radio Galega "¡esos rojos de mierda!". Y quien conozca la historia de nuestro país sabe muy bien lo que le hicieron cuando pudieron a "esos rojos de mierda", los fusilaron de madrugada.
