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jueves, 5 de marzo de 2009

Cartas de dolor

Amparo Batanero llegó a México en 1937 a los cinco años de edad, vino desde España entre un grupo de 454 niños para refugiarse de la Guerra Civil en su país.

En ese entonces fueron conocidos como los "Niños de Morelia". Este año, la historia vuelve a revivirse con la publicación del libro "La letra en que nació la pena", que reúne cartas de las madres de aquellos pequeños.

"La situación, por lo menos en Madrid, estaba muy dura, porque la mitad la tenía Franco (Francisco) tomada y la otra mitad era republicana. Entonces ahí sí hubo mucho bombardeo, mucha hambre y mucha necesidad", recuerda Batanero en entrevista.

En aquel tiempo, su padre luchaba en el frente con el Ejército Republicano y su madre, con la promesa de que la guerra (1936-39) terminaría en seis meses, inscribió a cinco de sus seis hijos a la expedición de México, sufragada por el Comité de Ayuda a los Niños del Pueblo Español. Esa experiencia se prolongó por varios años; en algunos casos, vidas enteras.

Acogidos provisionalmente en Morelia, los niños comenzaron a recibir cartas de sus madres desde el otro lado del mar. "Recuerdo la época en que llegaba la persona, era un mayor del Ejército y nos gritaba: cartas de España", cuenta Batanero.

"Corríamos todos a la puerta y ya empezaban a nombrar: fulano de tal, mengano de tal. Y cuando acababan de repartirlas todos nos arremolinábamos alrededor de alguno de los que habían recibido carta para preguntarle: Qué te dice tu mamá?, No te dice nada de mi mamá?, como si todas las mamás se conocieran".

De esa infancia, Amparo conserva imágenes de muchas niñas que lloraban y se angustiaban. Su hermana mayor, entonces de 11 años, recibió tres cartas durante los cuatro años que estuvieron en Morelia. La censura y carestía eran causa de esa comunicación esporádica entre madres e hijos.

"Hay algunas cartas verdaderamente, que yo las he empezado a leer un montón de veces, hasta que después de muchos intentos logro acabarlas. Casi siempre me pongo a llorar antes de tiempo", explica la mujer conmovida por el dolor de muchos textos.

Las misivas eran dirigidas a María de los µngeles Chávez Orozco, presidenta del Comité de Ayuda. Varias misivas fueron escritas en plena batalla. "Hay alguna que dice, disculpe que haya cortado la carta en ese momento y ahora continúo, pero es que se fue la luz porque en ese momento empezaron a bombardear", señala Amparo.

En otra carta, escrita sobre un pedazo de papel desgastado y feo, una madre le dice a la señora Chávez Orozco: "Perdone el papel en que le escribo estas letras, pero es que no tenemos ni papel, ni tenemos nada para poder escribir".

"Imagínese a una madre que manda a sus hijos, que no sabe qué ha sido de ellos, que no sabe si viven, si mueren, si comen, si no comen y que no tiene ninguna noticia. Esto no se lo deseo a nadie, a ningún país le deseo que sufra lo que hemos sufrido los 500 niños y esas madres", sentencia.

Amparo Batanero se reencontró con su padre en México en 1950 y con su madre en 1960, pero cuenta que hubo casos en que padres e hijos jamás se volvieron a llevar bien. "Yo pienso que se necesita mucho amor, mucho valor para deshacerte de un hijo, entonces no sé cómo calificar a mi madre, si por lo que yo siento o por lo que ella sintió".