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lunes, 11 de mayo de 2009

NO al olvido

Hoy he visto un articulo publicado en KAOSENLARED ,un articulo que intentare condensar en pocas palabras, pues no quiero hacerlo muy largo: A lo largo de este año se han organizado –con poca resonancia mediática-cientos de actos con motivo del presunto final de la guerra civil española, una de las más crueles y sanguinarias de las que ha conocido el continente europeo en el siglo XX. Digo presunto porque no hay nada más incierto, el 1 de abril de 1939 no acabó ninguna guerra, sino que comenzó la última y más larga fase de la misma, la del exterminio físico y moral del disidente político o intelectual. La guerra civil fue quizás la última guerra del siglo XIX y la primera del XX en el viejo continente. La última del siglo XIX porque los defensores del antiguo régimen se rebelaron, en defensa de sus privilegios casi feudales y de la esclavitud de los pueblos, contra una república burguesa que lo único que pretendía era acabar con una serie de injusticias endémicas que impedían a la España vital elegir y trabajar por su propio destino. Para ello, la República quiso modificar las antiguas relaciones de producción de modo que los privilegios y los abusos quedasen laminados; también quiso reorganizar el Estado dando a cada territorio un autogobierno que al mismo tiempo permitiese acabar con las redes de corrupción caciquil que tenían maniatado al país y satisfacer las demandas de las diferentes nacionalidades históricas; de igual manera se pretendió terminar con otro poder castrador, el de la iglesia y su terrible influencia sobre las conciencias, reorganizar el ejército para hacerlo más moderno y eficaz, pero sobre todo más disciplinado y menos belicoso contra la ciudadanía. Empero, de entre todos los cambios que propiciaron aquellos hombres había uno que tenía una importancia mayor que todos los demás: Dar educación al pueblo, construir miles de escuelas, preparar a miles de maestros vocacionales, extirpar el mito, el miedo, el complejo y el oscurantismo de las conciencias para hacerlas libres: Sabían que sin ese arma tan preciosa, cualquier cambio sería imposible. Decíamos también, que fue la primera guerra del siglo XX, y lo fue de verdad porque un pueblo animoso pero mal entrenado y mucho peor pertrechado por la traición de Inglaterra y Francia, se enfrentó casi a pecho descubierto al ejército más sofisticado y moderno hasta entonces conocido: El ejército nazi, que hizo de España su particular laboratorio para experimentar las terribles armas y tácticas contra la población civil que luego extendería al resto de Europa. Ahora lo que de verdad nos preocupa es que este año sirva, como muchos pretenden, para liquidar completamente y para siempre el genocidio franquista, el que acometieron desde el mismo momento de la traición, el que perpetuaron durante casi cuarenta años de posguerra los militares africanistas apoyados por la Iglesia, la banca y la gran burguesía,pasando a los anales de la historia como uno de los periodos más salvajes e impunes sufridos por país alguno. No es indiferente el número de personas que fueron asesinadas, desaparecidas, mutiladas, castradas, acalladas, cegadas, perseguidas, encarceladas, expulsadas, fueron cientos de miles, muchos cientos de miles. Nunca, ningún país de nuestro entorno sufrió un lavado de cerebro tan brutal, castrador e interminable, como el padecido por la sociedad española desde el 17 de julio de 1936 hasta hace pocos años; nunca a lo largo de nuestra terrible historia,gente tan menuda y cruel pudo sojuzgar a millones de personas durante décadas en nombre de Dios, del mauser y del dinero; nunca, en la historia de Europa Occidental, un dictador, una dictadura, quedó en la impunidad judicial e histórica como está ocurriendo con Franco y su régimen nacional-católico, que no fue más que la versión castiza del fascismo, apoyada y sostenida, en este caso, por Inglaterra, Francia y Estados Unidos. Así pues, cuando estamos a setenta años del 1 de abril de 1939, del gran exterminio, políticos, medios de comunicación de masas, partidos, sindicatos y organizaciones civiles de distinta etiología, en vez de haber iniciado una gran ofensiva para que de una vez por todas los ciudadanos del Estado español y de todo el mundo sepan que España sufrió durante cuatro décadas una de las tiranías más sanguinarias que imaginarse pueda, que aquí se violentaron todos los derechos humanos de modo sistemático, que aquí se mató y torturó a destajo, que aquí sigue siendo posible hacer apología del franquismo, de los crímenes contra la Humanidad que ese régimen perpetró,en vez de eso, todos parecen de acuerdo en echar tierra sobre nuestro pasado. Ante esta situación, que parece un definitivo punto y final, uno, que por encima de historiador es un ser humano que ama la libertad y la justicia sobre todas las cosas, se permite hacer un llamamiento a todos aquellos que comparten iguales o parecidos ideales, se dediquen o no a la historiografía, para impedir que pongan coto a la memoria, para quitar, aunque sea con las uñas, los montones de tierra que están volcando sobre el genocidio franquista, para cantar a los cuatro vientos la verdad de aquel tiempo, para arrojar al franquismo a la misma hedionda cloaca donde yace Adolfo Hitler. Es una empresa difícil y larga, llena de obstáculos, ayuna de apoyos y medios de envergadura; es una tarea propia de quijotes que navegan contra la mar arbolada, pero merece la pena que luchemos por ella con todas nuestras fuerzas, por los que dieron la vida por la libertad, para que quienes vienen detrás de nosotros no tengan que vivir eternamente en la mentira y la ignominia. Por mi parte, aun a riesgo de ser “estigmatizado”, denigrado, postergado, puteado o ninguneado, no va a quedar. POR MI PARTE...TAMPOCO

miércoles, 1 de abril de 2009

70 años despues

Hace setenta años terminó la Guerra Civil. De ellos, cuarenta transcurrieron en condiciones anómalas en la vida española. Tiempo más que suficiente para que los vencedores elaborasen una compleja mitografía sobre el significado y desarrollo de la contienda que habían ganado merced, entre otros factores, a la inhibición de las democracias en contra de la República y a la ayuda que desde el comienzo mismo de la sublevación les prestaron las potencias del Eje.
Esa mitografía, que pasaba por historia, no tuvo demasiado eco fuera de la España franquista. Desde fecha temprana, la apertura de los archivos nazis por parte de los aliados empezó a teñir de dudas las interpretaciones de lo que a este lado de los Pirineos solía caracterizarse como "la Cruzada". La historia de la Guerra Civil pasó a ser el dominio en que se labraron sus reputaciones algunos autores extranjeros o españoles que residían más allá de nuestras fronteras. Ninguno de ellos podía caer bajo la férula de la censura, aunque sus publicaciones no siempre tuvieron la divulgación que merecían. Subsiste como auténtico inventario de los despropósitos franquistas la fundamental obra de Herbert R. Southworth sobre el mito de la cruzada de Franco.
La elaboración de una auténtica historia de la Guerra Civil hubo de esperar al fallecimiento del dictador y a la recuperación de las libertades democráticas. Fue una ocupación inmediata que resultó en un diluvio de publicaciones, en las que se recordaba de dónde veníamos y lo que los demócratas españoles hubieron de sufrir. Desde entonces, han transcurrido casi tantos años como los que tuvo la dictadura para intentar implantar sus interpretaciones en las mentes de los niños que accedieron a la escuela pública o a la privada, mayoritariamente confesional, a lo largo de los "años de paz".
Libres de censura, de los tiernos cuidados de la Dirección General de Seguridad, de la Brigada Político Social, o del Tribunal de Orden Público, lo que los historiadores han ido poniendo al descubierto no ha dejado incólume ni una sola de las tesis fundamentales que acuñaron y propagaron los vencedores. En mayor o menor medida, todas han ido cayendo una tras otra. Ninguna ha podido resistir la contrastación crítica con las fuentes primarias. Lo que escribieron los "historiadores" del régimen -policías, soldados, propagandistas y académicos complacientes- ha resultado ser, salvando contadísimas excepciones, mera "historietografía", por utilizar una expresión que ha hecho fortuna.
Ello no obstante, de un tiempo a esta parte, a partir esencialmente de la victoria en las urnas del Partido Popular en 1996, hemos asistido a una extraña revitalización de los viejos mitos franquistas. Es como si los conocimientos extraídos del penoso análisis de archivos y documentos de época no hubiesen servido para nada. El antecedente del actual régimen democrático que fue la Segunda República se ha distorsionado hasta la saciedad. Se ha transmitido, y algunos siguen transmitiendo, una visión ideologizada y escasamente conectada con la realidad histórica de lo que fue la primera ocasión en la que las fuerzas de la izquierda y del centro-izquierda impulsaron desde el poder una profunda modernización de España.
La Iglesia católica, por su lado, ha procedido a beatificaciones masivas de víctimas de la violencia republicana, a la vez que ha guardado un discretísimo silencio sobre su responsabilidad en la configuración ideológica de "la Cruzada" y en la violencia franquista, más aterradora, masiva y duradera que la de sus oponentes. Su papel en la represión tras la guerra está empezando a ser desvelado. No es algo de lo que pueda sentirse orgullosa.
En definitiva, el pasado se ha reinterpretado a la luz de las necesidades de la pugna política e ideológica del presente. Tal vez para hacer frente no sólo al partido socialista en el poder sino, más significativamente, para cortocircuitar el movimiento profundo que en el seno de la sociedad civil se ha generado de unos años a esta parte para recuperar la memoria de los vencidos, poner al descubierto las "fosas del silencio", identificar los verdugos y sacar a la luz el dolor diferido de los nietos de las víctimas de aquellas salvajadas. Ha quedado claro para sectores cada vez más amplios de la sociedad española que la figura de Franco no puede ser intocable, antes al contrario. Su imagen y la de su régimen sólo se defiende hoy a través de la acumulación de mensajes negacionistas respecto a la Guerra Civil.
El conocimiento de un pasado aherrojado, manipulado y desvirtuado es condición indispensable para asentar sobre bases firmes la conciencia democrática. La Guerra Civil fue una inmensa fractura de la sociedad española y sus efectos se harán hacer sentir durante muchos lustros. Es siempre conveniente volver a divulgar su inanidad. Porque respetamos la verdad. Porque estamos comprometidos con el conocimiento. Por amor a la democracia. En último término, por respeto a quienes lucharon y sufrieron por ella.
Somos conscientes de que aún quedan dimensiones por desvelar. Esperamos con impaciencia la anunciada Ley de Archivos. Confiamos en que el Ministerio de Defensa se decida alguna vez a abrir los archivos en los que se remansa la represión sistemática que desarrolló el aparato militar de la dictadura, su más firme sostén, su brazo derecho. Del estudio de los Consejos de Guerra de la época y de los veinte años sucesivos se desprenderán lecciones que los demócratas españoles no podremos, ni deberemos, olvidar. Visto aqui
  • ACTUALIZACION:Durante unos dias dejare de publicar y visitaros, pues ando algo "pachucho".
  • Hasta pronto.